martes, 7 de agosto de 2012

hornalla

la ventana de mi cocina da al pasillo, y suele estar abierta.
la habito bastante. es el agujero negro de la casa que casi sin querer elegí para tirar pensamientos útiles e inútiles contemplando, vestida de azul autómata, la llama de la horn
alla más grande mientras el agua del mate se calienta sin hervir.

en que número de vuelta de la ronda de razones inconsistentes estaba hace un rato no lo sé (creo que 33 o 34), el hecho es que aún en estado catatónico, escuché:
- alma? alma, estás ahí?... alma! almaaaaa! porqué no me contestás? alma, no me hagas esto! alma, por favor! alma? alma? alma?

y esa insistencia desesperada de un alguien se mezcló con mi monólogo interno justo en la vuelta 72.
entonces? entonces no tengo la menor idea, porque mi alma tampoco respondió. se fue, o se mudó o capaz que podríamos suponer que no tiene señal en el teléfono, como todos los del pasillo.

salí al pasillo.
- señor, acérquese a la puerta de entrada, no tenemos señal acá.

el señor sonrió y yo respiré otra vez esa realidad que tiene razones de sobra para detestar las despedidas silenciosas.

nota1: es un hecho verídico.
nota 2: el agua hirvió, como sucede el 98% de las veces.
nota 3: llueve.


07 de agosto . 2012
buenos aires





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