miércoles, 23 de noviembre de 2011

la que viene de orión



desde que volví y rearmar mi casa (y rearmarme) es el pasatiempo que casi le gana a la lectura, me volví una esclava de eso y de mí misma.

no puedo ver las paredes vacías. no me gustan los huecos que están hechos de sinsentido.
todo tiene que estar ahí por algo. todo tiene que contar algo. todo tiene que remitir a algo.
supongo que por rezago de la profesión que profeso y milito, donde las modas no gritan pero susurran y los mensajes tienen que ser los protagonistas de cada concepto que sale de la cabeza? de la mano? del mouse? del éter? qué sé yo...

me atrevo a decir que crecí en una escuela de arte donde mi vieja, que ahora está vieja, estudiaba mientras yo oficiaba de mascota inquieta queriendo ser parte activa de esas clases. y yo era chiquita, pero era grande.

pinceles, acrílicos, acuarelas, arcilla y yeso fueron mi barbie; y aunque tenía una muñeca de esas, nunca pude conjugar ambas cosas. pura deficiencia infantil.

haber elegido el arte como oficio hubiera sido como continuar una eterna infancia. no para mí. calculo que por eso busqué mediar conmigo misma y encaré diseño.

la UNCuyo, maravillosa universidad en la cual me formé, me regaló una prolongación de esa infancia: una historia del arte de 3 biblioratos de cuentos contados por ivette colque y 5 años de "dibujo" con delhez, dónde profundizar todas las técnicas era indispensable para seguir adelante.
(sí, estudié diseño SIN computadora aunque hoy sea una extensión de mis manos y mi cabeza y estoy orgullosísima de eso).

nunca quise pintar, por respeto a los grandes y para cortar, de alguna manera, con esa eterna infancia de materiales de librería.

en todo este proceso de autoencuentro, y no sé en que momento, me amigué con mi yo chiquita; la de más de 30 años atrás, y me permití hacerlo con la excusa de poblar mis paredes con cuentos que digan quién soy. que ME digan quién soy y de dónde vengo.

qué de dónde vengo? de orión, por supuesto.

eso es lo que cuento acá. ésta soy casi yo, pero no yo, pero sí yo queriendo volver, siempre. soy yo?
no sé, pero creo que sí.

si es lindo, valorable, correcto, del estilo de, si pega o no pega, no sé nada y no me importa ni un poquito. la cosa es que está en la única pared que quedó sin tocar en la remodelación de la casa, subiendo la escalera. y me gusta. me presta sueños cuando duermo y me recuerda todo el tiempo que si hay ganas de algo y el autojuicio o el prejuicio de otros interfiere, hay que mandarlo al carajo y seguir hasta que salga sin importar que se diga, valorando el simple hecho de haberlo hecho. y nada más.









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